30.5.17

-Sin dudas, no es el primer texto que te escribo, pero sí el primero que publico.
¿Lo que yo espero? Que sea el primero de muchos.

A veces sé lo tonta que puedo llegar a ser. Te extraño. Y no me sale decírtelo, no puedo hacerlo. Lo haría... lo haría, sin dudarlo, si tuviera garantías de que sentís lo mismo. Pero la mayor parte del tiempo, lo dudo. Dudo que seas el mismo chico al que no le importó decirme sin anestesia, lo que le pasaba conmigo. Dudo de la mitad de tus palabras, simplemente porque sé -aunque vos, no- que ya me mentiste, y no hay nada que certifique que no lo sigas haciendo.

No suelo ser una chica orgullosa, cuando sé lo que me pasa, pero sé que si no lo soy con vos, puedo llegar hasta perderme. Y no quiero eso. Ni para vos, ni para mí.

(...)

Creo que nunca llegué a contarte mi historia. Esa historia que me mantuvo atrapada cerca de diez años, de la que logro escapar de a ratos, pero que siempre me vuelve a encontrar. Y puedo afirmar que desde que te conozco a vos, no siento la necesidad de volver a caer.

Pero vos me hacés doler. Me duele que desaparezcas. Me duele que creas que no me doy cuenta de las cosas que realmente pasan en tu vida. Me duele que no me incluyas. Me duele que no entiendas que yo no te digo las cosas porque crees que es un capricho, yo no te las digo porque con vos nunca sé nada.

Cuando me comporto como me sale realmente ser con vos, tierna, dulce; sé que tengo que prepararme para que tu respuesta sea ser frío o indiferente. Y cuando yo necesito comportarme así con vos, sé que me esperan los reproches. Y no entiendo.

No entiendo cómo no te das cuenta de las cosas. Que me gusta realmente ese chico que me habla de lo feliz que lo hace jugar al fútbol, de lo mucho que quiere a su mascota, y ni hablar, de lo mucho que le gusta la joda. Creo que eso es lo que más me gusta.

Y aunque no lo creas, yo sí, entiendo la situación, la tuya. Poner todas las cartas en la mesa, y no tener una respuesta certera. Pero te juro que lo intento. Lo intenté meses. Me dolió saber que no me querías ahí, cuando lo necesitaste. Todavía lo recuerdo, y no lo supero.

Siendo completamente sincera, no entiendo cómo esperás que reaccione si un día sos el chico perfecto y al día siguiente sos el que nunca me gustaría conocer.