12.02.2016
Nunca voy a poder acostumbrarme a que aparezcas y desaparezcas de mi vida con total impunidad. Me escribís un whatsapp como si la última vez que hubiésemos hablado fuera, al menos, ese mismo año. Pero sabés que no, y sé que otra nueva relación no funcionó. Detesto conocerte como lo hago. Detesto que pienses que soy la chica a la que podés escribirle un sábado a las tres de la mañana diciéndole que la extrañás. Sé que sabés que no me merezco esos mensajes. No después de todos estos años. Lo ignoro. Insistís. "No sé cómo vivir sin vos". No quiero leerte. No quiero seguir estando, ahí, para vos. No quiero que vuelvas.Escribiendo.
Me apuro. Evito que sigas confesándome lo que no te animaste la última vez que nos vimos, hace unos cuantos meses: "Mañana, si recordás algo de esto, hablamos. No manejes." Seguiste escribiendo un par de mensajes más, y un rato después, eliminé la conversación sin leerlos. No quiero encontrarme en el mismo lugar de incertidumbre en el que me dejás cada vez que volvés, con los sentimientos desacomodados, con los recuerdos invadiendo mis horas, con un desconcierto total.
No quiero volver a sentir que me equivoqué cuando te dejé ir. Porque sé que no; que fue lo mejor para vos, pero fundamentalmente para mí. Sé que ya no nos hacíamos bien.
(...)
No sé cómo después de siete años alejados, todavía seguís generando en mí, algo que no puedo explicar. Pero sé, sé que nuestra relación nunca fue típica. Nunca voy a poder explicar qué son tus mensajes a la madrugada, ni por qué siento que tengo que contestarte. Nunca voy a pedirte que me expliques qué significan, creo que los dos lo sabemos. Siempre lo supimos.
Siempre voy a cuestionar qué es lo que te trae de vuelta. O por qué aparecés en los lugares más inesperados, en los momentos menos oportunos. No sé cómo, pero tenés el talento de aparecer cuando sabés que ya no sos imprescindible en mi vida. Pareciera que tenés un radar que te dice exactamente cuándo ya no pienso en vos.
Me aterra pensar que después de casi diez años de conocerte, todavía, seguimos en el mismo lugar.